Es común
escuchar en algún momento o lugar alguna persona que dice “ya no hay músicos en
esta época” y, también, más específicamente “ el rock esta muerto”. Si alguien
se pone a analizar los argumentos de estas personas, tal vez, y muy
probablemente, se puede observar que tendrán el mismo argumento: que a
comparación de otras épocas, ya no se es capaz de señalar a algún artista ( o
músico) que sobresalga como en aquellos tiempos. Esto es un problema que no
solamente afecta a la música, sino también a todos los movimientos artísticos.
Una incredulidad ante los ídolos, un nihilismo que ha invadido a todos los
jóvenes de las nuevas generaciones, que se viene dando desde los sesenta y que
nosotros no somos más que el producto intimo de ello.
Cuando escucho a estas personas hablar no puedo evitar pensar: “la muerte
del rock n roll” tal vez ha sido lo mejor que le pudo haber pasado. Si nos
remitimos un poco a sus inicios, antes de que fuera constituido propiamente como
rock n roll, los músicos de Jazz y R & B, todavía no eran un estilo de música
que se pudiera llamar propiamente “popular”. Estos estilos aun eran géneros
musicales que se escondían en los bajos mundos que existen dentro de una
ciudad. Se tocaba en bares o salones un par horas con el fin de obtener tal vez
unas bebidas, tal vez una pequeña cena, y si bien te iba te alcanzaba para la
“cura”. Tal como lo sería, un ejemplo, Charlie Parker, que vivía en un garaje
con su saxofón buscando sobrevivir el siguiente día. No había pues un sentido
de progreso o de bienestar que se buscará sino simplemente pasar el rato. Con
la popularización del Swing y la creación del rock & roll esto se empieza a
perder.
El rock y roll empieza a crecer y crear otra ética, la idea de que el músico
es alguien a quien se debe admirar y apreciar. No cabe duda que los músicos son
la voz de cada generación y no hay porque negar que el rock & roll es el
sonido de una generación inmersa en la plenitud de la industrialización. El
paso a la reproducción rápida y barata que niega de algún modo el valor de la
lentitud. Ahora bien, el sentimiento que se comienza a gestar entre estos
individuos es el llegar a un fin, a la fama, el dinero, aceptación y ser alguien ante los
demás. Esto llega hasta nuestros tiempos en la actualidad en el que el rock
& roll se ha convertido en la puta de los pequeños empresarios. Pasa a ser
una burla de música en donde ya no se encuentra ningún tipo de peligro.
Todo está simulado por pequeños burgueses que buscan cómo jactarse de la música
para entrar al mundo del “arte”, que tanto idolatran.
Es el sentimiento de lo
“fugaz”, “Fugazi!” el que todavía rige lo underground.
La emoción de saber que lo que haces no va a llegar a nada, es simplemente un hacer por hacer. Tocar por tocar. No hay fin que exista detrás del camino, el
camino es el fin! Lo importante no es llegar a una ciudad, tocar y saber si
le gustaste a las personas o no, sino simplemente llegar. Se crea un par de
canciones, tocas un par de meses y la banda desaparece. Sacas unos demos, se
acaban, sacas otro demo, con otras canciones a ver hasta donde llega, así sucesivamente. Haces camisetas y si agarraste
una, bien, sino, no importa, ya sacarán otras distintas. Los que organizan los
eventos no ganan nada, simplemente el hecho de que siga, de que fluya. Sí, tal vez
a veces se pierde feria, pero lo vale. Conoces personas nuevas y se aprecia el
apoyo, eso es lo importante. Darle ese significado de amistad y olvidar el
formalismo. Tal vez inclusive se puede renegar en cuanto, bueno, no viene gente
a las tocadas, pero se mantiene pequeño, por lo tanto real. No se contamina.
Ahora bien, algo que todavía sigue siendo una pared para estos estilos de
música es lo que los chav@s llaman “escena”. Un lock mental que te imposibilita
pensar fuera del cuadro. Las personas que practican este tipo de
música todavía se piensan así mismas como partes de una escena, pero lo interesante es
que no hay nada de eso. Uno crea sus prejuicios y crea lo que llama la escena. En defensa de lo que es uno esencialmente se protege diciendo: “yo formo parte
de esto”, sin embargo, eso debe morir junto con lo que se cree que es el rock n
roll. Hay que matar al ego, olvidar que somos alguien, pensar que somos alguien,
NO SOMOS NADA!. Nadie te esta mirando, tú crees que te miran. Simplemente hay
que jugar, sin sentido. Como un juego de cartas o un juego de beisbol, donde no
importa si ganas o pierdes, sino nomás es pasar el rato y disfrutarlo. Ahora
todo se asemeja a lo que se puede llamar una comunidad. Donde todos parecen
formar parte de lo que es la música. La persona que hace la tocada, el bato que
toma las fotos, l@s dueños del bar, l@s que arreglan el sonido, l@s que hacen
las camisetas, l@s que bailan, l@s que cantan las canciones, l@s que van a
pistear, l@s que no van a pistear. Todos son la música, las bandas cargan la
insignia del momento.
Esto lo comparamos con la manera
prehistórica de hacer música, obviamente algo ha muerto. Ya no hay un
formalismo, en el que uno tiene ganar su lugar para tocar. Lamber bolas a no sé cuantas personas para que te den una oportunidad, oportunidad de qué? Ser como
tú y tocar con bandas de lo peor que tiene el país que ofrecer en el auditorio
de Tijuana, no gracias, estamos bien. No hay necesidad de estar en tus
revistas, en tus programas de radio, en tus paginas selectivas, en tus
festivales que patrocinan tus padres. La música se está haciendo de todos modos
y me atrevo a decir que mejor que antes.


