5 jun. 2013

Reloj Descompuesto

En determinada etapa de la vida -por lo general en la adolescencia- comenzamos a percibir nuestra existencia en el mundo de forma más analítica, y con ella, surgen todas las interrogantes, inconformidades e inquietudes que esto conlleva. Es precisamente en esta etapa que, elementos críticos como la música, se vuelven esenciales para expresarnos; ya que sirve como un espejo que refleja lo que sentimos, a través de la voz y ejecución musical de alguien más.

Al escuchar aquello que tanto buscábamos (quizás sin saberlo), empezamos a involucrarnos en la comunidad/escena; compuesta por los asistentes, organizadores y artistas. Logrando un sentido de pertenencia. Algunos profundizan por conocer las raíces de la música, ya sea por iniciativa propia o por influencia de los veteranos. Hay bandas que logran impresionarnos con su material, marcándonos de por vida. Literalmente. Nos tatuamos algún tema, portada de disco, frase emocionante o arte inspirado por. Se vuelven nuestras favoritas.

En cuestión de un par de años (algunos inclusive en un par de meses) logras cierta "posición" en la escena de tu ciudad, porque de una u otra forma la apoyas y te haces notar. No hay ningún problema en eso, al contrario. El dilema radica en el conflicto por el choque de generaciones, en donde una menosprecia a la otra por su inexperiencia, y la otra, resultado del rechazo, se aparta y hace lo suyo por otros lados o no vuelve a asistir. 

Continuamente analizo este fenómeno y, concluyo en que todo tiene un período de vigencia. Muchos principian desde temprana edad y desisten cuando son adultos jóvenes, porque surgen nuevas responsabilidades (o les deja de interesar). Unos cuantos rebasan la edad estimada y ven rostros nuevos ir y venir, bandas formarse y deshacerse, dramas nacer y/o continuar, modas regresar y desaparecer (ideales incluidos). Te acostumbras a los hechos.

Y tal ocurre que de repente, te encuentras en la misma posición de aquellos que te criticaban cuando tú comenzaste. Conoces cada vez menos a las nuevas bandas, dejas de sentir empatía con la gente que asiste a las presentaciones o como es presentada la música. Esperas con ansias los nuevos discos o presentaciones de bandas que ya no son relevantes para la mayoría. Rara vez algo nuevo te parece atractivo; usualmente sólo aquello que suena similar a lo que te enganchó en un principio. 

Estás atrapado en una era, tú era, y eso ya nunca cambiará. Porque guardamos ese momento de asombro en una parte profunda de nuestro cerebro, atorado, como las manecillas de un reloj descompuesto.

Christopher Ríos.